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Terra
La Coctelera

VIVO DE TI

La primavera hunde

su cuchillo de luz sobre tus hombros.

se enreda en tu camisa

en tu pelo irreal y en tu silueta

prolongada en el viento.

Yo te deseo,

lejos,

en la misma distancia

donde alimenta hierbas el orgullo.

Pienso en pájaros,

vuelos,

arrebatados besos que arrancarnos

como anoche lo hicimos.

Tu piel estremecida

es un durazno azul

que alimenta y devora.

No sé medir el tiempo.

Te amo entero y todo,

Ahora y busco

tu cuerpo y tu memoria

es una herida abierta en el costado.

Vivo de ti,

alumbras

toda la luz del mundo.

Vivo de ti,

oscureces

y todo se enajena.

la simetría

Dos gigantes,

dos cuerpos,

Un grito duplicado,

El horror repetido de todo lo simétrico.

No habrá victoria al fin.

La nada se anclará con su angustia de cieno

Y tu y yo

Pareados

Apareados

Torpes

Tan distintos

Tan vivos

No sabremos hundirnos

Quedaremos flotando como hoja sin peso

Como liviana pluma.

El mundo seguirá removiendo en su entraña

A los hijos del limo.

La nada aliviará toda la simetría

Desde el fin de los tiempos.

La inclemente esperanza.

Vendrán arenas dobles

a enterrar la memoria

de tu cuerpo en el mío.

Pero con las cenizas

de todo lo arruinado

dibujaré las letras

de un olvido imposible.

No existen las ciudades

más allá de este mapa

que has trazado en la dicha del amor compartido.

Incluso entre las grietas

brota una flor que siempre

termina derribando

la inclemente esperanza.

La inclemente esperanza.

Vendrán arenas dobles

a enterrar la memoria

de tu cuerpo en el mío.

Pero con las cenizas

de todo lo arruinado

dibujaré las letras

de un olvido imposible.

No existen las ciudades

más allá de este mapa

que has trazado en la dicha del amor compartido.

Incluso entre las grietas

brota una flor que siempre

termina derribando

la inclemente esperanza.

el muchacho liaba cigarrillos

El muchacho liaba cigarrillos.

Deslizaba su lengua por el papel,

Dejaba una lluvia de hebras

Nerviosas

en el suelo.

La tarde recogía su luz indiferente,

Su burla despiadada del amor imposible.

El muchacho liaba cigarrillos,

Trazaba lentamente un desnudo infinito,

Una curva,

Una herida,

Un cuerpo de mujer.

TRES TIEMPOS

Bruscamente tu amor

Como el alfilerito que ensarta el corazón

Como el labio rabioso después del beso turbio,

Como el tacto que quiebra el corazón.

Lentamente tu olvido

Como la gris sustancia que cubre lo vivido,

Como un árbol rajado que muere poco a poco

Como la cantinela que canta lo perdido.

Miserable la vida,

Perro llagado y viejo que lame sus heridas

Ráfaga de aire helado que aúlla entre las grietas

De este alma podrida.

PEQUEÑO POEMA DE AMOR EN LA ESTACIÓN

PEQUEÑO POEMA DE AMOR EN LA ESTACIÓN

Interrogante, sólida,

traspuesta,

como gaviota sola contra el cielo

me dejaste

la quiebra del amor entre las manos

como granada a punto de reventar un cuerpo.

Atrás miraban trenes

mi transparente desamparo.

Más allá de las vías

tiré el dolor como un pesado lastre.

Tu recuerdo, aún caliente,

dando tumbos y tumbos por los campos azules

hasta quedar deshecho como un terrón de tierra.

Maldije cada gramo de carne compartida,

todas esas palabras de amor que nos dijimos

sabiéndolas mentira.

Luego pensé en febrero,

en las tardes amarillas y cálidas,

en el violento marzo,

y en la rama que abril florecería:

flores que sólo viven de la noche hasta el alba,

rutinas de la pérdida.

En Fiestas

EN FIESTAS

Rocío Hernández Triano

Cuando me di cuenta de que lo estábamos haciendo debajo del cuadro de El Sagrado Corazón, ya era demasiado tarde. Ya nos habíamos desnudado, ya tenías endurecido los pezones, ya me atraías hacia ti con tus piedras colosales. Jesús era un muchacho rubio de barbita incipiente que nos saludaba desde el cuadro con la rigidez de sus dedos.

Yo te avisé de que en aquella casa sólo estaban ya la cama de mi abuela, un arcón con papelotes, las bombillas y algunos cuadros. Pero tú- no te recordaba tan tajante- me dijiste que en aquel pueblo de mierda ya no quedaban hoteles.

- Sería como follar en una iglesia- te avisé.

Pero me la habías puesto tan dura y estabas tan decidida que era ya imposible no acabar con esa deuda que se nos quedó pendiente.

- Son veinte o más los años que no apareces por aquí- me recordaste mientras nos tomábamos la ginebra- y ahora se te ocurre venir con el pueblo en fiestas a vender la casa de tu abuela.

Empezaste tú, mordiéndome el cuello mientras yo intentaba abrir la puerta. Luego, dentro, todo ocurrió rápido y sin preámbulos. No recordaba tus tetas tan grandes, ni tu lengua, que se enredaba por todas partes. Los ojos felinos sí eran los mismos.

Buscamos la cama a trompicones. Tú acabaste antes, con un grito alegre, que hizo eco allá en el patio. Antes de que yo eyaculara tuviste la precaución de darle a la perilla de la luz, para que Jesucristo no me viera verter aquello sobre tus muslos.

Apenas unos minutos después- ya te levantabas- me anunciaste que te habías casado y que tu marido te estaría esperando en aquella plaza en fiestas.

Al cerrar la puerta todo me pareció quedar sepultado en una oscuridad húmeda. En la casa vacía, todos los sonidos eran repetidos y lúgubres. Tuve algo de miedo y solo se me ocurrió rezar un Padrenuestro. Me temblaron algunos versos. Hacía también muchos años que no rezaba.