La primavera hunde

su cuchillo de luz sobre tus hombros.

se enreda en tu camisa

en tu pelo irreal y en tu silueta

prolongada en el viento.

Yo te deseo,

lejos,

en la misma distancia

donde alimenta hierbas el orgullo.

Pienso en pájaros,

vuelos,

arrebatados besos que arrancarnos

como anoche lo hicimos.

Tu piel estremecida

es un durazno azul

que alimenta y devora.

No sé medir el tiempo.

Te amo entero y todo,

Ahora y busco

tu cuerpo y tu memoria

es una herida abierta en el costado.

Vivo de ti,

alumbras

toda la luz del mundo.

Vivo de ti,

oscureces

y todo se enajena.