- Marina, Pedro se muere.
Me avisó Sandra por teléfono. Hacía más de quince años que no habíamos vuelto a hablar, pero reconocí su voz al instante.
- Es un tumor cerebral irreversible- me explicó su hermana- está como un bebé, no nos reconoce ni es consciente de lo que pasa a su alrededor.
- ¿ Y Mónica? – pregunté yo.
- Lo volvió a dejar hace tres años. Ni siquiera llegaron a casarse- Yo te he llamado- había hecho una pausa por teléfono- porque pensé que te gustaría volverlo a ver. He dudado mucho.
- Has hecho bien- la tranquilicé yo .
Pero mentía. Aquello resultaba una verdadera conmoción: Pedro, un tumor cerebral, quince años sin vernos, la muerte.
Mientras improvisé un equipaje fue imposible no recordar algunas cosas. Aún dolían. Recordaba con bastante nitidez aquella noche en el “Vivaldi”, un bar extraño. Nosotros, apenas conocidos, estuvimos bailando. Luego me contó que estaba así porque Mónica lo había vuelto a abandonar.
-Vámonos de aquí- le dije- antes de que nos pongamos demasiado tristes.
Ya sonaba en el bar Las cuatro estaciones, era la señal de comenzar a cerrar.
Fueron quizá seis meses o algunos días más sin apenas separarnos. Hacíamos el amor y llorábamos. Él por Mónica, yo por cosas imprecisas y vagas.
- Mónica ha vuelto- me dijo un día.
Yo cogí mis pocas cosas y me fui. Ya nunca nos volvimos a ver. Con Sandra , sin embargo, mantuve una amistad amable y dolorosa. Luego empalideció y dejamos de vernos también.
En la habitación del hospital encontré a Pedro con la cabeza rapada y peluches sobre la cama. No había envejecido apenas, salvo por cierta rugosidad en la piel. Seguía siendo guapo.
Al verme sonrió y siguió jugando con su muñeco articulado.
- Los muñecos lo distraen- me explicó Sandra.
Lo besé en la mejilla. No parecía reconocerme. Después de algunos minutos aquella calma sombría se hacía ya insoportable. Sandra decidió dejarnos solos y se fue a la cafetería. A los pocos segundos de marcharse Pedro me miró por primera vez y dijo:
- Yo todavía puedo escuchar los violines.
- ¿Qué violines? – pregunté yo.
- La de aquella canción …¿cómo se llamaba? Era de Vivaldi, ¿tú no te acuerdas, Mónica?
ten muy buena noche Rocio
En esas situaciones la memoria funciona de modo muy selectivo, como protegiéndose para evitar daños añadidos
Saludos
Hay cosas q el corazon nunca olvida x mas q se nos entorpezca la mente y se nublen los recuerdos...
Un abrazo muy grande para ti.
Gracias a ti Rocio
Rocio, probablemente solo en ese momento, la protagonista se dio cuenta de lo que realmente significaba en la vida de Pedro, desafortunadamente, no nos damos cuenta del verdadero valor que tienen las cosas hasta cuando las perdemos, saludos.