Supe del alma rota, de la vida molida,

De la asfixia y lo oscuro, del centro de la angustia.

Supe que a veces duele el pulmón que respira,

el corazón que late por costumbre o inercia.

Pero llegaste, LUZ, como un violento trance,

como una sacudida a la que abandonarme

y abriste la ventana y penetró la vida

y concebí tu amor en la boca y el vientre.

Corté flores, limpié los rincones del miedo

y puse ropa blanca tendida en los balcones

enhiestas banderolas que anuncian la esperanza.

Me entregué a la dulzura como un río de leche.